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EL CONTENEDOR QUE APRENDIÓ A CONTAR SU HISTORIA

EL CONTENEDOR QUE APRENDIÓ A CONTAR SU HISTORIA

Durante semanas, un contenedor pasa por puertos, terminales, barcos, depósitos y carreteras. Saber dónde está responde solo a una parte de la historia. La otra pregunta es mucho más interesante: ¿qué le ha ocurrido durante el camino?

Más del 80 % del comercio mundial de mercancías por volumen se mueve por mar. Y el Banco Mundial calcula que, considerando todas las rutas comerciales posibles, transcurren de media 44 días desde que un contenedor entra en el puerto del país exportador hasta que abandona el puerto de destino.

 

Son 44 días en los que una caja metálica cambia de manos, de vehículo y de entorno muchas veces. Durante ese tiempo puede abrirse una puerta. Puede producirse un impacto. La temperatura puede cambiar de forma inesperada. El contenedor puede comenzar a moverse cuando debería seguir detenido.

 

Hasta hace relativamente poco, gran parte de esa historia quedaba fuera de nuestra vista. Ahora el propio contenedor puede empezar a contarla.

Un contenedor conectado puede registrar señales de apertura, temperatura, luz, movimiento, impactos y posibles manipulaciones.
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Mucho más que un punto sobre un mapa

Cuando pensamos en seguimiento de mercancías, lo primero que imaginamos suele ser una posición GPS.

 

El CT 1010 de ORBCOMM también dispone de GNSS compatible con GPS, GLONASS, Galileo, BeiDou y QZSS, pero su función va bastante más allá de decir dónde está el contenedor. Integra varios sensores destinados a interpretar lo que sucede alrededor de la carga.

 

Y ahí empieza la parte interesante. La posición responde a dónde. Los sensores permiten empezar a responder a qué ha pasado.

Un contenedor conectado puede registrar señales de apertura, temperatura, luz, movimiento, impactos y posibles manipulaciones.

    

Imagen de la serie editorial
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¿Cómo sabe que alguien ha abierto la puerta?

El CT 1010 utiliza un sensor infrarrojo de tiempo de vuelo —Time of Flight— para reconocer la posición de la puerta y determinar si está abierta o cerrada. El principio es parecido al de medir una distancia mediante luz: el dispositivo emite una señal infrarroja y analiza su retorno para interpretar la posición de la puerta.

 

Además incorpora un sensor de luz ambiental. Las dos señales juntas permiten obtener una información mucho más útil que una simple coordenada. Imaginemos un contenedor que permanece aparentemente detenido en una terminal. Su posición apenas cambia, pero aparece un evento de apertura y entra luz en el interior. El mapa diría que no ha ocurrido nada. El contenedor cuenta otra historia.

 

ORBCOMM señala precisamente la detección de aperturas y cierres como una de las funciones destinadas a identificar accesos no autorizados a la carga.

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También puede detectar que algo cambia dentro

La temperatura añade otra capa. El CT 1010 incorpora un sensor de temperatura ambiente y un sensor de infrarrojo lejano capaz de identificar cambios anómalos de temperatura. ORBCOMM explica que esta combinación permite detectar variaciones térmicas tanto en el interior como en el exterior del contenedor.

 

Esto es importante porque aquí no estamos hablando de convertir un contenedor seco en un reefer ni de controlar activamente su temperatura. Estamos hablando de detectar señales. Una variación térmica inesperada puede aportar contexto a una incidencia, ayudar a identificar condiciones anómalas e incluso advertir de situaciones que merecen ser investigadas.

 

El dato aislado dice que la temperatura ha cambiado. Cuando se combina con hora, posición, movimiento y otros eventos, empieza a explicar cuándo y dónde ocurrió.

Imagen de la serie editorial
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Dos contenedores pueden recorrer exactamente la misma ruta y haber vivido viajes completamente diferentes.

¿Y si recibe un golpe?

Dentro del dispositivo hay también acelerómetros. El principal es un acelerómetro digital de tres ejes cuyos umbrales pueden configurarse para detectar movimiento. El sistema incorpora además un segundo acelerómetro y sensores destinados a registrar impactos y manipulación del propio dispositivo.

 

Eso permite distinguir acontecimientos que un sistema basado únicamente en posición tendría dificultades para mostrar. Un contenedor puede estar en el mismo lugar antes y después de un impacto. En un mapa, aparentemente nada ha cambiado. Para sus sensores, sí.

 

La misma lógica puede aplicarse a un movimiento inesperado o a un intento de retirar o manipular el equipo. Así, el seguimiento empieza a parecerse menos a una sucesión de coordenadas y más a un registro de acontecimientos

De los sensores a la historia del viaje

El CT 1010 combina conectividad celular, Bluetooth Low Energy y navegación por satélite para enviar posición, eventos y alertas a plataformas cloud o sistemas conectados mediante API. Si pierde cobertura, puede almacenar más de 2.000 mensajes, equivalentes a más de 90 días de operación.

 

Para mantener esa conectividad durante trayectos largos, incorpora batería recargable con panel solar, protección IP67, funcionamiento entre –30 °C y +70 °C y certificación ATEX Zone 2. Pero el valor aparece cuando todos esos datos se cruzan.

 

Ya no basta con preguntar dónde está el contenedor. También podemos saber si se abrió, recibió un impacto, cambió de temperatura, se movió cuando no debía o fue manipulado. Así, el seguimiento deja de ser una simple línea entre origen y destino y se convierte en un registro de lo que ocurrió durante el viaje.

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El viaje de un grano de arroz

Historias invisibles del transporte global.

 

Una serie de Transped para descubrir las rutas, tecnologías, infraestructuras y decisiones que mantienen las mercancías en movimiento.