Un coche con tarjeta de embarque
Un coche de 1,5 millones de euros, una carrera al otro lado del Atlántico y un calendario que ya no admitía retrasos. En determinadas operaciones, elegir el avión no tiene tanto que ver con la distancia como con lo que cuesta llegar tarde.
En octubre de 2022, un Mercedes-Benz 300 SL “Gullwing” preparado para competición tenía que viajar desde Alemania hasta México para participar en la Carrera Panamericana, exactamente 70 años después de la histórica victoria de Mercedes en aquella prueba. El coche tenía un valor estimado de 1,5 millones de euros. Pero había otro activo cada vez más escaso: tiempo.
Una avería retrasó la fecha de salida prevista. Finalmente, el Mercedes despegó de Frankfurt el 11 de octubre, aterrizó en Ciudad de México la noche del día 12 y todavía tuvo que superar el despacho aduanero y recorrer unos 400 kilómetros por carretera hasta Veracruz. Llegó al lugar de salida a las 6:30 de la mañana del 14 de octubre. La carrera comenzaba a las 7:30. Una hora de margen.
Un automóvil no se factura como una maleta
Antes de volar había que revisar cuestiones mucho menos visibles que la carrocería de un Gullwing: lubricantes y otros fluidos, batería y presión de los neumáticos. Fuera del avión, el coche se mantenía en áreas protegidas para evitar daños durante las operaciones habituales de una terminal de carga. Además los automóviles clásicos suelen viajar acompañados por un supervisor.
Después llega una cuestión especialmente delicada: cómo sujetar un objeto diseñado para moverse sin dañarlo al impedir que se mueva. El coche se fija sobre un pallet de carga. El sistema tiene que soportar las fuerzas que pueden producirse durante el vuelo y mantener el vehículo completamente inmovilizado, pero sin transferir esfuerzos capaces de dañar llantas, suspensión, carrocería o puntos estructurales sensibles.
En este tipo de transporte, sujetar más fuerte no significa necesariamente sujetar mejor.
No hace falta que sea un coche de colección
El Gullwing es un caso espectacular, pero explica una lógica que se repite en el transporte aéreo de automóviles. Existen soluciones específicas para coches de competición, prototipos confidenciales, vehículos completos y piezas urgentes para la industria del automóvil. También se pueden contemplar el transporte con temperatura controlada para determinados prototipos que incorporan materiales sensibles como arcilla o plastilina utilizados durante su desarrollo.
Un fabricante puede necesitar un prototipo en otro continente para realizar una prueba concreta. Un equipo de competición tiene una fecha de salida que no puede desplazar. Una línea de producción puede estar esperando una pieza cuya ausencia cuesta mucho más por hora que transportarla por avión. Ahí cambia la pregunta. Ya no es solamente: ¿Cuánto cuesta transportar esto? También hay que preguntar:¿Cuánto cuesta que no llegue a tiempo?
Y con los coches eléctricos aparece otra variable
Los vehículos eléctricos añaden un elemento que ha adquirido cada vez más importancia en la carga aérea: la batería.
IATA establece requisitos específicos para los vehículos propulsados por baterías de litio, incluyendo su clasificación, protección frente a cortocircuitos y daños y condiciones relativas al estado de carga. Desde 2026 se han endurecido además los requisitos aplicables a determinadas baterías de vehículos transportadas por vía aérea.
Eso significa que dos automóviles de dimensiones similares pueden plantear operaciones diferentes simplemente por el sistema que utilizan para almacenar energía. El coche sigue siendo el mismo tipo de objeto. La logística cambia.
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